Confesiones de un i.Letrado

En la vida he aprendido que muchas de las cosas nuevas a las que te enfrentas se deben asumir con determinación: “sin mente como las Barbies”, me digo esa frase como un mantra personal (para intentar disimular un poco mis miedos). Lleno de adrenalina, ansiedad y nervios, continúo mi camino. Mientras subía por el ascensor para llegar al apartamento 602, recuerdo que dejé una hoja en mi oficina con un buen esquema para la entrevista; caminaba rápido por la  calle 45 para no llegar tan tarde. Aún me da pena y vergüenza llegar tarde a los lugares.

Edward me recibe con un abrazo y me invita a seguir a su hogar, un apartamento que automáticamente me enamora: hay un piano, una chimenea de hierro y una sensación bohemia, literaria, de cafés y tertulias. Lo que ahora llaman “Hipster”. La conversación inicia con esa amabilidad tan rola. Me siento invitado a tomar onces con un amigo de toda la vida. No pasan más de cinco minutos cuando su compañera de apartamento llega con una amiga; nos miraban, querían decirnos que van a tocar música, y que esperan que esta entrevista no se dañe por su práctica. Sin ningún problema vamos al cuarto de Edward a dejar mis cosas, mi bufanda y mi abrigo algo mojado de la lluvia suave que caía en Bogotá. Dejamos una silla lista frente a su escritorio e iniciamos la entrevista. Veo cosas de su espacio, dibujos, libros, un marco dorado y más libros.

Salimos a la cocina. El objetivo era preparar algo de tomar para hacer más amable la situación entre dos extraños que se van a preguntar cosas, como si fuera lo más normal del mundo. En la cocina es sencillo decidir qué quiero un té negro, picante, en leche tibia, que me llamó la atención por su empaque rojo con dorado, que aún conservo por ese delicioso olor.  Él  se decide por una infusión de manzanilla. Me pregunto si está nervioso o lo habrá escogido como yo por su color: amarillo y con flores de manzanilla, como es tradicional. Me gusta más mi elección.

De nuevo en su habitación, nervioso, saco mi bitácora, mi portaminas y la hoja que tenía preparada con unas cuantas preguntas. Inicio leyendo un perfil que encontré al buscar su nombre en Google, porque quería no verme tan inexperto en estos temas. “Sociólogo de la Universidad Nacional, candidato a magister en Estudios Culturales de la Universidad de Los Andes. Ni en pelea ni en paz con el endogámico sistema académico, hace parte de i.letrada (detesta la palabra colectivo) para abordar desde y fuera del marco académico los temas de su interés: la literatura, el consumo, la estética, los estilos de vida y la vida cotidiana. A pesar de su amor ilimitado por las trivialidades, no puede negar su pasión por la ñoñería, por todo lo que salga de los libros, menos el psicoanálisis: Chanel siempre será mejor que Freud.”

Le pregunto qué sigue vigente de ese perfil, y sin dudar un segundo me dice: “Chanel siempre será mejor que Freud”. Gira un momento hacia su escritorio y, sin mirarme, dice que era muy ñoño, que ya no iniciaría un perfil de esa forma, aunque no ha cambiado su opinión sobre el psicoanálisis;  le desagrada rotundamente.

IMG_0188

Él es un sociólogo amante de la línea clásica, pero no está definido por la corriente académica: un pregrado, luego una maestría y luego un doctorado. En sus palabras “la vida es más amplia que eso, hay que hacer muchas cosas en la vida cotidiana, en la calle, en otros escenarios, no necesariamente a través de los libros”. Continúo mirando la hoja y me lanzo con la segunda pregunta: “¿Cómo te defines?” Sorprendido, me responde “Qué video definirse…” Piensa un poco y lo suelta en tono irónico “….Quién sabe qué diría Freud, pero yo me defino mucho por mis amigos, por las personas de las que me gusta rodearme. Creo que soy de extremos…” automáticamente continuo: “¿Qué te hace feliz?”, la respuesta es concreta y directa: “Leer y escribir, siento la necesidad de decir algo al mundo.”

IMG_0120

 

El piano junto al clarinete sueltan unos buenos acordes como telón de fondo, y me relajo un poco más para entrar en materia: “¿Cuándo y cómo entra la moda en tu vida?” Piensa un poco, mira sus libros, sus dibujos pegados en un corcho y me responde: “Se podría decir que en dos momentos. La década del noventa y los dos mil, por mi mamá, por su estilo arriesgado y su interés por la costura como hobby. Siempre había un cuarto de costura, telas y máquinas en mi casa. Crecí junto a ese ambiente y me gustó. Y por otro lado, desde la carrera, un interés por el consumo, el arte, la sociedad y sus dinámicas culturales, y eso terminó siendo mi tema para las tesis de pregrado y de la maestría”.

Recuerdo que el sábado pasado, el día que nos vimos por segunda vez, me comentó su gusto por el Reggeatón. Rompiendo esquemas y estereotipos, este sociólogo amante de la lectura y de la escritura, es también amante puro y duro del Reggeatón. Hoy en día tiene en la cabeza la canción de PitBull “Como yo le doy”. Me acuerdo de esto y sonrío un poco, diciéndome a mí mismo “Sí, este man es un caso aparte, un hombre de contrastes, pero de una vibra curiosa”.

En mi bitácora tengo tres fotos instantáneas que le tomé el sábado en la sesión de fotos para este perfil. Le estiro la mano para que las revise detalladamente y aprovecho para preguntarle: “¿Qué tal la experiencia como modelo?” y con una expresión de pena y vergüenza me dice: “Fatal, soy muy tímido, mi tipo de fotografía, es como todo, de extremos: Selecciona una foto con un look sencillo de colores claros, que según me comentó le recuerda a la playa, lugar que adora, Me gusta, es un look tranquilo. Me gustan las fotos así, tipo documento, con la mirada al frente o, por el contrario; la foto que no es foto: la foto en que salgo haciendo muecas o que  queda movida.” Revisa el look en el que está con un blazer negro, camisa blanca, jean y zapatos negros, con medias de un hermoso detalle con color, y me dice: “Es mi aspecto serio y elegante.”  Con el último look recurre a una imagen casual, una camiseta con estampado de palmeras, una gorra de flores, un jean y unos tenis algo sucios de tanto uso, pero cómodos, según me comenta. “Este es llamativo, si no hiciera frío tendría puesta una pantaloneta”.

ed

Sin miedo, le pregunto sobre la comodidad de los hombres, y como ex-enclosetados en estos temas de moda, ropa y estilo, le pregunto si es de usar boxers del tipo sexy y ajustado, los gravedad cero o más bien de la línea de Adán. Me responde:  “No soy de los anchos. Más bien ajustados y no tan largos. El estilo Adán es rico pero depende de la situación.”

Edward Salazar, un Sociólogo de la Universidad Nacional, Magíster en estudios Culturales, Co-fundador de i.Letrada revista de capital cultural, lector empedernido, es un hombre sin miedo a usar colores neón, a experimentar con su vestuario, a pasar de un estilo elegante a uno cómodo y descomplicado. Le sabe a mierda los feminismos radicales y jartos, dice que tiene amigas feministas muy chéveres. . También se niega a usar una camiseta de algún equipo de fútbol, y siente pavor por las fotografías, así sepa que registra bien.

Me despido con un abrazo, contento por mi prueba superada, feliz al conocer un poco más de este extraño que me abrió las puertas de su casa. Era la primera vez que entrevistaba a alguien y me siento como niño feliz con su dulce por hacer bien la tarea.

IMG_0130

***

Ahora, frente a mi computador, espero escribir algo que haga honor a ese personaje de  contrastes y extremos, algo que no me haga quedar mal, pero aún más importante que muestre al Edward real, que muy seriamente me dijo con tono de preocupación: “Subí la canción de Pitbull a mi Facebook, y mis amigos solo le dieron dos Likes. Me preocupé y les escribí: “Perros, ya no le dan like al reggaetón como si fuera una cita literaria. ¡Los tiempos cambian!”

 

Ahora escucho a Daddy Yankee. Creo que no me fue tan mal, fue un gran experimento.

Fotografías por: Nicolás Ojeda Amador.

fe_autores-03

 

Anuncios