Los demonios de la Moda

Para nadie es un secreto que la industria de la moda es una de las industrias más convulsionadas, contaminantes y abusivas. Este tema es amplio y por eso esta columna pretende esbozar algunas de las problemáticas más evidentes, además quiero guiarlos un poco respecto a cómo exorcizar los demonios de la Moda.   

Entonces, vamos a iniciar con el problema más evidente de la industria: el consumo. Cuando hablamos de estilo y cuando hablamos de Moda, por defecto también pensamos en consumo, es difícil separar estos tres elementos. Consumo-moda-estilo forman un triángulo de las Bermudas al que muchos entran y del que pocos logran salir. Hay varios factores que influencian al “consumidor”, como los medios, las redes sociales, las tiendas, las celebridades, entre otros y todos parecen enviar un mensaje unívoco que reza “no hay que repetir prendas”. Esta aparente necesidad de adquirir de manera constante nueva ropa está llevando al medio ambiente y a algunas comunidades a la destrucción.

Uno de los pilares más grandes que soporta el mensaje de que “no hay que repetir prendas” es la llamada fast fashion o moda rápida, que se ha propagado como un virus en las grandes y pequeñas tiendas alrededor del mundo.La moda rápida se caracteriza por ser accesible y esporádica.  No hay que ir muy lejos para encontrar ese tipo de almacenes. Aquí en Colombia tenemos a Zara, Forever 21, Tommy Hilfiger, Diesel, Levi’s, Adidas, Nike, GAP y muchos más.Si toman alguno de los ejemplos que les di se darán cuenta que dichas tiendas cambian de “temporada” con gran rapidez, además de tener precios modestos, comparados con otras tiendas. Sin embargo, ¿se han preguntado el costo que representa una prenda tan barata y que tan fácilmente estará fuera de moda? A mí, en lo personal, me sirvió el documental de Andrew Morgan “The true cost”una película que encara los problemas de la moda rápida y le muestra a los espectadores los daños sociales y ambientales que resultan de hacer ropa con el afán de vender y competir. Sin embargo, el documental nos da alternativas, más que juzgarnos -a nosotros, los consumidores- nos educa y nos invita a ser compradores más responsables e informados. En este punto, Enclosetada se une a esa voz. Un cambio de mentalidad es esencial.

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 Detrás de esa prenda que nos hace sentir modernos y con estilo, está el trabajo mal pago de millares de personas -incluyendo niños-, la contaminación de fuentes de agua y una huella de carbono profunda que está envenenando al planeta. La industria de la moda por ahorrarse costos, que se ven representados en la baja calidad de la ropa y los bajos precios, ha sacrificado la seguridad de sus trabajadores. A cambio de evadir algunos impuestos ha optado por localizar sus plantas de producción en países con leyes de trabajo maleables. La polémica que esto ha generado se remite a varios años atrás. Desde hace casi dos décadas la ropa nacional ha sido desplazada por ropa hecha en China, en India, en Camboya, en Turquía o en Haití, pues en estos países parece fácil esconder contratos con descarado abuso laboral: jornadas de más de doce horas, instalaciones con evidente deterioro o maltrato físico. Ese resulta ser el verdadero costo de esas faldas, blusas, vestidos, chaquetas y zapatos que parecen tan económicos a primera vista.  

Del consumo se desprenden más complicaciones, pero podemos abarcarlas desde una sola perspectiva: el manejo de los recursos. Tanto el recurso humano como los recursos ambientales se subestiman en la Moda o, lo que es peor, se malgastan o se violentan. Esto está conduciendo al detrimento del medio ambiente y de la sociedad, que se divide entre quienes compran las prendas y quienes las hacen; ambos padeciendo de distintas dolencias, pero igual de graves. Por un lado, quienes compran la ropa está encerrados en ese triángulo de las Bermudas que los obliga a regresar una y otra vez a las tiendas, porque para empezar salen con ropa de mala calidad -casi desechable- y la llevan a un costo que puede considerarse menor. Es decir, el comprador está encerrado entre la facilidad de comprar y la corta vida útil de sus prendas. Por otro lado, quienes manufacturan la ropa están acorralados por su necesidad de trabajo y se ven obligados a aceptar casi cualquier condición que les impongan a cambio de tener algo de estabilidad económica, algo que sus gobiernos no se molestan en garantizar.

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Wolfgang Lonien

Todo, al final, termina siendo una red. Acciones que parecen estar desligadas por completo, como una persona llevando una prenda de Forever 21, está enlazado a una niña de la India que trabaja de siete de la mañana a siete de la noche cosiendo sin descanso para cumplir la cuota de su jornada. O bien, esa camiseta que botamos porque estaba descolorida termina siendo el acumulado de una montaña de desechos en algún río haitiano.

Claro que hay opciones, para aquellos que amamos la moda y que a su vez queremos ser compradores responsables y mejores habitantes del planeta, hay muchas opciones. No obstante, las alternativas son muy bastas; lo que significa que esto será tema para otra columna. Por ahora, los dejamos con una iniciativa que aplaudimos sobre cómo debería ser el futuro de la industria de la moda.

http://edition.cnn.com/2016/05/03/fashion/emma-watson-sustainable-fashion/

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(Foto destacada por IPEC

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