EL TRAJE: UNA DECLARACIÓN DE YVES SAINT LAURENT

No existe una pieza más indispensable en el armario de cualquier hombre, y algunas mujeres, que el traje. Entiéndase éste como una prenda de saco y de pantalón con variaciones en color, diseño y textura; también existen algunos más atrevidos y osados, como en el elegante y tradicional Tweed.  Concentrémonos, entonces,  en la historia de este Básico para cualquier Fashionista y veamos un poco lo que representa este clásico de la moda.

Para comprender la importancia de este básico debemos recorrer  su historia,  identificar cómo fue su evolución y cómo, con el paso del tiempo, fue mutando para obtener lo que hoy conocemos como Traje.

  • Como es habitual en gran parte de la historia del arte, arquitectura y la moda debemos situarnos en Francia. Durante el periodo de Luis XIV se establece en su corte un estilo masculino caracterizado por:  camisas blancas, corbatas, que inicialmente fueron en seda -similares a los pañuelos que usarían los dandis del romanticismo-, chaquetas, chalecos, tacones, pelucas empolvadas y calzones de seda;  los primeros pantalones. Todo resultó de un proceso evolutivo, pues en la era medieval era común el uso de un enterizo tipo camisón, que a su vez era prenda interior y facilitaba las cabalgatas y los largos trayectos. Ya con Luis XIV se exige que la camisa sea blanca y que luzca pulcra, haciendo honor a quien la viste. La chaqueta de amplios faldones se denomina en España “Casaca”; un chaleco  largo y ornamentado con apliques de arabescos, muy tradicionales del periodo Barroco, como los utilizados por los militares Españoles.
  •       Durante el Siglo XVIII inician las primeras variaciones; se va modificando materiales, adornos, texturas y se puede definir bajo un solo concepto: sobriedad. La Revolución francesa enaltece a los sans-culottes (sin calzones), es decir, las personas del común que en vez de vestir calzones y medias de seda, como los nobles, visten pantalones. Se viste con prudencia porque corren tiempos revolucionarios… El sombrero de copa será la prenda top del Siglo XIX, y el traje sigue siendo de uso masculino exclusivamente.
  •       Para 1870, se impone por todo el mundo el traje de caballero con chaqueta de levita, es decir, la chaqueta corta como nuestro blazer actual. Por las mismas fechas, los aparatosos lazos de cuello, que habían estrangulado los gaznates de los dandies románticos, se ven suplantados por un breve pañuelo en el que ya se vislumbra la forma de la corbata moderna.

  El sombrero de copa se alterna con el hongo o bombín. Los pantalones también han ganado holgura, pues en la década del Romanticismo se habían cortado estrechos como guantes y ahora se despegan de las piernas proporcionando  mayor comodidad  para montar caballo y andar en las nuevas y crecientes urbes o en sus parques, más puntualmente.

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Pinterest: susannaives.com

  •       Amenazaba Guillermo II a las potencias cuando en la primera década de 1900 se consolidan dos detalles que van a caracterizar a los pantalones del traje masculino durante medio siglo: las vueltas en las botas del pantalón (invención inglesa para evitar la suciedad y la humedad) y la raya de plancha a media pierna. Estilo que se verá reflejado en los uniformes militares de la Primera y Segunda Guerra mundial.
  •       En el cambio hacia el siglo XX se había estabilizado entre las mujeres el uso de un traje de falda y chaqueta, confeccionados con la misma tela que llamaban “traje sastre” por su inspiración masculina. Se empleaba sobre todo para trabajar, pues complacía a las mujeres que comenzaban a desempeñar profesiones liberales como secretarias o institutrices y necesitaban una imagen sobria. La última revolución del traje femenino llegó con el pantalón.

Es en este punto donde el diseñador del momento en Paris, Yves Saint Laurent en 1971 con su colección “Escándalo”, ocasionó el mayor shock, después de la revolución que generó Coco Chanel, donde la comodidad y libertad al eliminar el Corsé fue un hito en la historia de la moda femenina.

La colección contaba con 80 piezas revolucionarias  inspiradas en su musa; Paloma Picasso, hija del maestro cubista y amiga del modisto; al que le sugirió que olvidara el canon pop imperante y buscará un gesto de ruptura para la moda y más aún, para la mujer joven. Saint-Laurent sirvió un menú con 80 prendas, entre las que había vestidos de noche, estampados, lentejuelas, turbantes, faldas plegadas sobre sí mismas, smokings femeninos de pantalón… fue ese el momento en que se rompió el paradigma y la mujer se puso los pantalones del hombre, hablando en términos de sastrería. Y sastrería de la mejor calidad.

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Stellashops.com:  Hommage aux Années 40s.

Corrían tiempos de cambio en aquel 1971 en el que murió Coco Chanel, Pablo Neruda ganó el Nobel de Literatura y nacieron bandas como Queen. Ese evento socialité marcó el inicio de un empoderamiento femenino; el pantalón, de un estilo que estaba solo y exclusivamente enmarcado para los hombres. El pantalón proporcionó una opción diferente para la mujer; una transgresión al estereotipo  marcado por la sociedad. El rol “femenino” tradicional y  conservador instaurado por el sistema social del Siglo XIX y XX.

El traje y el pantalón femenino es una especie de irreverencia disruptiva a la silueta delicada, suave y femenina que caracterizó durante mucho tiempo el estilo de aquella época. Nada, en aquél entonces, lograba robar más miradas, incitaba tantas conversaciones ni alentaba la curiosidad como el estilo arriesgado de una mujer con un buen traje.

Mujeres empoderadas en su estética, de su cuerpo y de su imagen lograron identificarse con  el traje.

Queda todavía una última revolución a la historia de la moda: que los hombres nos tomemos la revancha con la falda, ya que ellas nos han desvalijado nuestro guardarropa por completo, y como no hacerlo ¿Qué prenda no se le ve bien a una mujer que conoce su cuerpo mejor que cualquier hombre?  

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Foto destacada: tomada del archivo Marie Claire UK.

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