COMO YO LE DOY. NOTAS SOBRE SUELTA COMO GABETE Y EL REGUETÓN

Si los hinchas de fútbol van al estadio con la camiseta de su equipo, yo voy a un concierto de reggaetón con la pinta del perreo. Botas tipo Timberland compradas en Kennedy por cincuenta mil pesos, jean blanco de producción nacional, camiseta negra que parece una gran bolsa de plástico estampada con letras doradas, chaqueta negra de cuero y gafas con efecto espejo. Como muchas otras cosas, el reggaetón (en adelante reguetón) tiene su propio código de vestuario: una suerte de mezcla entre las herencias del rap y el hip hop callejero, y bling bling gringo de cadenas de oro, aretes de diamante, vestidos cortos y apretados, tenis y tacones lo más llamativos que se pueda.

IMG_0188

El regetón, como muchos de los estilos que llamamos urbanos, tienen una fuerte reminiscencia del estilo noventero en donde se permite con todo el agrado usar tenis, pantalones o camisetas blancas, y ropa en tallas más grande de lo normal con un uso más exagerado de los brillos. Por estos meses, esta vuelta de los noventas es más notoria en la apariencia corporal; todas las que alguna vez juraron no volverse a peinar por la mitad porque se veían tenaces, ahora andan con raya al medio sin el menor reparo por sus promesas del pasado. La moda nos arrastra y nos hace revaluar cada tanto tiempo el concepto de fealdad sin siquiera cuestionarnos.

Y por supuesto que esta vuelta noventera fue la reina de “Suelta Como Gabete”, la fiesta reguetonera bogotana que ya va en su sexto aniversario. El gran gancho, la razón por la que muchos fuimos a perriar hasta Mazuren pagando un taxi carísimo, era Ivy Queen, la reina, la diva, la caballota del reguetón. Fue una presentación corta pero sustanciosa, con su voz gruesa y sus pintas exageradas de diva pop enfundada en mallas brillantes y peinado de rastas elevadas con rapado a los lados, para recordarme una vez más que puedo bailar y el cuerpo rozar pero que eso no quiere decir que pa’la cama voy.

13346913_1160738987312331_1113282325852619936_n

13332755_1160738990645664_3587765981421728687_n

13267881_1160738893979007_1158322484542443107_n

En términos de la ropa, el resto de los asistentes se dividían en hombres y mujeres. Las mujeres fueron la proliferación de estilos, como una gran convención de todas las modas contemporáneas, desde el vestido ceñido para ir a una fiesta de quince años, las blusas cortas y las minifaldas, hasta las blusas anchas con pantalones de jean anchos. Habían tacones, tenis, sandalias, botas, botines; mujeres rapadas o con el pelo hasta la cintura y, en fin, un gran festival de opciones que me pareció una de las mejores cosas de la noche: la mezcla completa de clases sociales unidas por las ganas de sudar.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

No hay que dejar de lado los problemas de visión sobre las mujeres que contiene el reguetón, pero tampoco hay que pensar que este es un problema único de este género, sino que más bien le pertenece a toda la música y a las expresiones culturales de masas en general. El reguetón exacerba la sexualidad y por supuesto que pone en primer plano la de las mujeres de una manera problemática, pero les aseguro que no todos lo bailan pensando en tener sexo con una mujer o en tener sexo heterosexual, y aun así siguen cantando a grito las canciones. Hay una experiencia más corporal que cualquier otra cosa, porque los consumidores no son ingenuos y no andan haciendo todo al pie de la letra.

13327650_1160739553978941_4771288880912457047_n

Más que el tema de género, me parece interesante el asunto con la clase. A diferencia de otros conciertos o de otras fiestas completamente segmentadas para lo que los bogotanos conocemos como los ñeros o los gomelos, “Suelta Como Gabete” permite ver que el contagioso ritmo del reguetón puede desdibujar una gran cantidad de diferencias sociales, porque la música de baile se antepone a las consideraciones sobre la otredad del vecino. Si la apariencia habla del individuo, la fiesta estuvo llena de todos los tipos de individuos que, más allá de sus reales interacciones entre unos y otros, se permiten un espacio común sin las divisiones entre la Zona T y Cuadra Picha. Nos gusta lo mismo, bailamos lo mismo.

Y los hombres…. Por supuesto unos bien sexys y bien finos, con sus tenis, sus camisetas sin mangas y sus gorras para atrás, pero por lo general iban sin gracia, igual que siempre, como si fueran a un matrimonio, a visitar a un amigo, a hacer mercado o a comprar el pan en la tienda. No sé si lo hayan notado, pero en general los hombres tienen poco sentido de la ocasión. Quisiera uno ver más Malumas, más  J Balvin, más hombres de Dr. Martens o Timberland (chiviadas, originales, a quién le importa) que hombres tratando de verse como el papá utilizando mocasines a los veintitantos años. Fatal.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Fotografías: Fanpage Suelta Como Gabete (https://www.facebook.com/Suelta-Como-Gabete-1001256379927260/?fref=photo)

fe_autores-02

Anuncios