YO HAGO MI ARMARIO. APRENDIZAJES SOBRE LA ASESORÍA DE MODA

Todos tenemos una relación diferente con nuestro clóset, pero en la mayoría de casos es una relación de amor y odio. Lo amamos cuando guarda prendas nuevas, listas para estrenar; lo amamos cuando nos sentimos delgados y nos provee los medios para aprovecharlo; lo amamos cuando nos hace sentir seguros porque está la pinta perfecta para la ocasión. Lo odiamos cuando todo lo que tiene ya lo hemos usado mil veces y la identificación no aparece; lo odiamos cuando nos sentimos inseguros de nuestro cuerpo y quisiéramos esconderlo; lo odiamos cuando no tiene esa prenda perfecta con la que queríamos salir hoy. Pero, amor u odio, no tenemos más remedio que conformarnos, vestirnos y salir.

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Este ultimo año mi relación con mi clóset se vio muy cuestionada y ha pasado por muchos cambios, a raíz de cambios de rutina o por crisis de vida ocasionales (como nos pasa todos de vez en cuando). Pero, más que todo, por un proceso tedioso de tesis de pregrado que, con todo y pesimismo, pude aprender muchas cosas.

 En mi tesis entrevisté a varias asesoras de imagen colombianas, que cambiaron la manera en la que me vestía cada mañana, y a pesar de que no recibí una asesoría directamente pues era un trabajo más investigativo, lo que pude conversar con ellas me llevó a varias reflexiones valiosas que me gustaría compartir.

1. Acepta tu cuerpo como es, hoy y ahora

Todos tenemos esas prendas que guardamos porque tal vez algún día nos van a quedar otra vez, o épocas en las que no hacemos ningún esfuerzo por vernos bien porque tenemos miedo de enfrentarnos  a las criticas del espejo. Pero cada día que pasamos así es un día más de arrepentimientos, inseguridades, y nostalgias poco necesarias.

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Aceptar que tal vez hoy nuestro cuerpo no es el mismo que era antes o que nunca nos veremos como una modelo, es abrirnos a un mundo de oportunidades. Después de todo, cuando caminas por la calle nadie ve lo flaca que eras antes o lo linda que era tu ropa de ayer; solo pueden ver como decidiste verte hoy, y así mismo debes verte tu.

 Las asesoras siempre me insistieron: si te ves bien, te puedes sentir muy bien; si te reconcilias con la moda y con tu armario, ellos te pueden ayudar a reconciliarte con tu cuerpo. Puede parecer provocativo usar solo prendas negras y holgadas que disimulen cualquier defecto, pero esconder, negar, nunca parece ser la solución. Darse la oportunidad de usar lo que nos gustan, a pesar del miedo, puede resultar una experiencia sorprendente. Es solo cuestión de encontrar las prendas que funcionan para cada cuerpo, para poder celebrarlo, quererlo y que deje de ser una frustración. El cuerpo es susceptible de modificaciones.

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2. Sé tu misma o tu mismo

Hoy en día esta frase puede parecer pura frase de cajón,  de esas que pueden significar todo y nada. Vivimos en una época en la que creemos excesivamente en la individualidad y libertad, y parece que el único consejo que tienen para darnos es “Sé tú”. Pero hace poco pude sacarla del cajón y entender lo poderosa que puede ser.

El mundo de la moda está lleno de mensajes, tendencias y dinámicas que pueden ser bastante abrumadoras. Una forma de descifrarlas y tener un consumo responsable es sabiendo quién eres, para tomar de la oferta lo necesario y dejar el resto de lado. Lo primero que hace una asesora cuando va a trabajar con su cliente es conocerlo para así descifrar su estilo, porque sin importar la forma del cuerpo o los colores le quedan mejor, lo fundamental es hacer que lo que se use refleje la persona que se quiere presentar.

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Ser auténticos nos puede alejar de tendencias que parezcan adecuadas porque todos lo están usando, pero que realmente no son lo tuyo y que en últimas nos hacen una simple parte en la cadena consumidora. Al final del día, cuando se está bien con lo que se lleva puesto, va a ser más importante vestirse para sí mismo y no para los demás.

3. Sin ataduras a las reglas

A la hora de vestirse parece que hubieran infinitas reglas: no rayas horizontales, no ropa pegada si no tienes medidas perfectas, no mostrar mucho pero tampoco te tapes tanto… Si las escuchamos todas podemos quedar sin nada que vestir porque nuestros cuerpos son una y otra cosa a la vez. Tampoco se trata de ignorarlo todo y ponernos cualquier cosa. Se trata de entender que todas las reglas son flexibles y tienen su excepción.

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Debo aceptar que este fue un punto de desencuentro que siempre tuve con las asesoras de imagen que entrevisté. Las asesorías están llenas de reglas cuando se trata de vestir adecuadamente para tu cuerpo o para tu trabajo, y en ocasiones se apegan mucho a visiones tradicionales y un poco conservadoras de lo que está bien visto. Algunas resaltan mucho que es posible romper las reglas si se hace bien, pero no dejo de pensar que esto puede resultar un poco limitante. Ellas tienen sus constructos sociales de las reglas y a veces se quedan atrapadas en esas visiones fundamentales de la imagen.

Pienso que las reglas están ahí por algo y que escucharlas puede resultar útil como una guía en un mundo de infinitas posibilidades, pero siempre ha sido saliéndome de mi zona de confort que he encontrado las cosas que más me gustan. Al usar las cosas que nos dicen que no debemos usar o arriesgándonos un poco más, encontramos formas de conocer nuestros limites. Es claro que no es una carrera llena de aciertos, pero los desaciertos son una oportunidad para usar lo que nos gusta por que realmente nos gusta y no porque alguien más dijo cómo debemos actuar.

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Cuando rompemos las reglas encontramos nuevos estilos y posibilidades, para no siempre quedarnos en lo mismo: no encasillarnos. Que a mí me guste vestirme casual, no quiere decir que de vez en cuando no me pueda arreglar un poco más de la cuenta; si me gusta ser siempre formal, no quiere decir que no pueda combinar mis camisas blancas con unos jeans rotos. Los humanos somos seres muy complejos como para limitarnos siempre a las mismas reglas. Las reglas son tan estacionarias como nuestras vidas.

 No puedo decir que pensar en estas cosas ha eliminado por completo el odio que siento sobre mi clóset, pero sí puedo decir que ahora me siento más feliz cada vez que hago uso de él. Construir un armario que refleja lo que a mi me gusta en vez de uno dictado por los demás me ha permitido comodidad y un nuevo encuentro con mi cuerpo. La asesora de moda es valiosa, pero tampoco es una profesora que da las reglas de la clase.

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Colaboradora externa:

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