Conservadores y propositivos. Los diseños para hombres en el Bogotá Fashion Week

En la clase que dicto sobre el cuerpo y la moda en la Universidad de los Andes, le hablé a mis estudiantes prejuiciosamente sobre lo que esperaba de las pasarelas este año: un montón de ropa que parecerá hecha un día antes de ser presentada, con conceptos pobres, ridículos y pensados a la ligera. Me tragué mis palabras al encontrarme con propuestas de altísimo valor en términos estéticos o en calidad de la confección. No todas, pero sí con evidentes luminarias.

Uno de los grandes lastres de las semanas de la moda celebradas en Bogotá durante los últimos años (además de los desastres logísticos), es la mezcla irresoluble entre unas buenas propuestas estéticas y otras tragedias de contenido que habla de dos universos creativos casi opuestos. Bogotá fashion Week 2017 (BFW) se mueve en esos mismos laberintos, aunque hay que decir que el nivel de este año ha subido drásticamente.

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Sin embargo, los referentes creativos no se mueven: la ciudad como lugar del caos, la feminidad romantizada, la masculinidad tibiamente andrógina, lo supuestamente “propio” de las raíces de la colombianidad pensado a la ligera, la superposición vacua de materiales como sinónimo de novedad. Una de las grandes excepciones fue la pasarela de Faride Ramos que, evocando el mundo de la infancia, exploró un repertorio cándido que sin mucho artificio permitió a los espectadores entrar en la ensoñación infantil. Los tocados en las cabezas de las modelos me parecieron objetos admirables en tanto combinaron la infantilidad con la sofisticación.

Pero me gustaría hablar de las colecciones dirigidas a los hombres, particularmente de la breve muestra de un estudiante de la ECCI, Giovanny Sánchez, y la pasarela de Strada In Voga, propuesta fundada y dirigida por Efrayn González.

La de Giovanny compuesta tres modelos en el marco de la pasarela Nuevos Talentos, resultado de una convocatoria realizada por BFW, en donde fueron seleccionados diez procesos entre individuales y colectivos. El estilismo se basó en un sueño nórdico de colores tierra, coronando la cabeza de sus modelos efébicos con cuernos de venado, un poco trillados, pero bien puestos en el conjunto de su propuesta. Presentó una mezcla interesante de siluetas ajustadas al cuerpo (un pantalón metálico sostenido de tirantes que salían de la cintura y con el torso al descubierto), y prendas sueltas a modo de abrigos, túnicas y capas superpuestas. Abrigo total y piel al descubierto en una paleta sencilla y cálida. No son prendas de uso cotidiano, pero tampoco sería impensable verlas en la calle, en una fiesta. Cumple con su objetivo: resaltar la belleza, al tiempo que proponer hibridaciones masculino-femenino, sin salirse del lenguaje de las prendas diseñadas para hombres jóvenes. Me gustaría ver más de lo que tiene por presentar, pues diseñador podría llegar más allá en términos conceptuales y de diseño, si continúa pensando la moda como fantasía al tiempo que como funcionalidad. Yo, sin duda, utilizaría las prendas de Giovanny Sánchez.

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Strada In Voga llegó con una propuesta bastante explorada y explotada en las pasarelas del denim y el cuero. Algo similar a lo que Diesel ha hecho durante décadas: pensar en los jóvenes urbanos, descomplicados, habitantes imaginados de grandes ciudades, mezclados con detalles que brindan sofisticación y unicidad a través de materiales como el cuero. Strada agrega volúmenes en capas y cobertores de siluetas libres y ricas, además de algunos toques de verde oliva y mostaza que amplían la paleta. De las cosas brillantes: el estilismo del modelo rubio platinado de cejas marcadas y la ropa que seleccionaron para él; también el estilismo del modelo rapado vestido de denim en azul completo, rematado por una bufanda de terciopelo en azul oscuro imperial. Aunque la propuesta está basada en lugares comunes de lo que se supone que es una gran ciudad, en la medianía entre la sofisticación y la calle (algunas prendas parecieron inspiradas en bolsas de basura), los acabados dejan la sensación de calidad y buen corte. No hay grandes atisbos de novedad, pero desde el mundo estandarizado del denim parece una opción prometedora.

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Salirse de los lugares seguros sin renunciar a la algunas veces necesaria rentabilidad en términos de mercado, continúa como una de las grandes carencias de las temporadas de desfiles. Uno de sus propósitos debería ser dejar la funcionalidad para permitir lo onírico. Esta sería una buena estrategia para que los diseñadores generen recordación más allá de posible ropa de centro comercial. Mejor la creación en pos de la exploración, la vanguardia (no la tonta, no la obvia) como una manera de hacer crecer las futuras semanas de la moda en términos estéticos, aunque no sin dejar de reconocer la calidad comparativa que este año pudimos apreciar en Bogotá. Siempre queda la sensación de que algo faltó, pero esta vez el sabor que queda al final es mucho más agradable.

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